martes, abril 27

Dos palabras

Se lo dije. Su rostro cambió repentinamente. Ya no estaba esa tranquilidad en su mirada, y su sonrisa no era la misma. Quizás yo no estaba preparado para decírselo en ese momento, pero algo dentro de mí, me forzó a hacerlo. Lo había pensado hace tiempo, pero el momento nunca era el adecuado, a veces había mucha gente, ella estaba ocupada o el celular sonaba. Siempre existía la excusa perfecta para no decirlo. Pero hoy no. Hoy no había excusa válida. Cuando las palabras salieron de mi boca, era como escucharlas de otra persona. En el momento en que sus ojos dejaron de mirarme y su respiración se volvía más agitada, noté que quizás me había apresurado. Ya no podía echar pie atrás, lo había dicho y ciertamente ella lo había escuchado. Mientras en mi cabeza se formaban historias de cómo podría mágicamente abrirse el cielo y caerme un gran rayo encima, ella soltó mi mano, sonrió y en dos palabras me respondió.